DAVID MARTÍN ESCUDERO
Psicólogo
Se acerca enero, ese mes
de buenos propósitos e inicio de una vida más saludable. Muchos de
nosotros pensamos en comer más sano, tratar mejor a quien queremos, leer
más, ver menos televisión o hacer algún deporte.
El ejercicio
físico, además de las mejoras en nuestro estado de forma, trae consigo
una serie de impactos positivos en nuestra salud y bienestar
psicológico. El deporte también afecta positivamente a la autoestima, ya
que trae una mejora de la percepción de la imagen corporal, constituye
un espacio de distracción de pensamientos y emociones negativas, y una
oportunidad de socialización.
Sin embargo, si hacer deporte es tan positivo y necesario, ¿por qué nos cuesta tanto comenzar?
Posiblemente
porque cuando comenzamos, percibimos algunas dificultades o desventajas
que no habíamos previsto. Puede que la actividad elegida sea más
difícil de lo que creíamos, incluso sintamos que no va con nosotros o
que se trata de algo que no compartimos con casi nadie. Comienzan las
dudas y nuestra fuerza de voluntad se agrieta.
A todos nos es
relativamente fácil establecer un propósito. Sin embargo, concretar esta
decisión en acción es un asunto más peliagudo. Para explicar por qué
nos cuesta llevar más a la práctica unas decisiones que otras, uno de
los modelos teóricos más ampliamente aceptado es la Teoría de la
Conducta Planificada (TCP). Se trata de un modelo centrado en los
factores motivacionales individuales que son considerados determinantes
de la probabilidad de que una persona realice o no una conducta.
A
grandes rasgos, la predicción que realiza la TCP establece que cuanto
más positiva sea la actitud, se disponga de mayor apoyo social y cuanto
más control sobre la conducta se perciba, más probable será que el
individuo tome la decisión de llevarla a cabo. A su vez, cuanto más
robusta sea esta decisión, más control real se tenga sobre la misma y
mejor se sienta uno en su puesta en marcha, mayor será la probabilidad
de realizarla.
A continuación se detallan las variables
principales y complementarias de la TCP (aquellas que han generado más
volumen de investigación en la última década). También se incluye una
serie de recomendaciones para aumentar la probabilidad de éxito en el
inicio de la práctica deportiva.
1. La actitud se
refiere a la valoración de hace el individuo de la conducta y contempla
la ponderación (consciente o no) de la relación esfuerzo y beneficios:
elige tus propios motivos y sé consciente de tu realidad. Es aconsejable
hacer una lista de ventajas y desventajas de la actividad física
elegida, por ejemplo, comenzar a correr. Entender las ganancias y los
costes implicados hará que tomes una actitud inicial adecuada y
realista.
2. La norma subjetiva hace referencia a
la percepción de la presión social a la que se enfrentará para llevar a
cabo o no la conducta: si anticipas el respeto en las miradas de tus
vecinos cada vez que bajes a la calle a correr, enfundado/a en mallas
negras, con tus zapatillas flúor, significa que vas bien. Si sientes que
te miran como a un oligofrénico disfrazado de superhéroe..., vas un
poco peor.
3. El control conductual percibido se
relaciona con la percepción de control sobre la conducta y la
anticipación de la dificultad o barreras para llevarla a cabo: la
actividad física debe ser factible, debes sentirte capaz de llevarla a
cabo. El deporte elegido debe ser asequible para nuestro estado físico,
bolsillo, disponibilidad horaria, etc. Por ejemplo, si tienes
dificultades económicas, prioriza una actividad gratuita y accesible
como comenzar a correr. Si te aproximas más a Falete que a Cristiano
Ronaldo, comienza poco a poco, planteándote objetivos alcanzables.
4. La conducta previa,
referente a la experiencia previa del sujeto con relación a la
conducta, y la consiguiente integración de la experiencia pasada en la
conducta presente y futura: si has hecho deporte en el pasado, tus
posibilidades aumentan. Si la nueva práctica supone una ruptura con tu
identidad anterior, tus posibilidades decrecen. Intenta elegir una
práctica cercana a tu experiencia.
5. El control real
o grado en el que el sujeto posee control sobre la conducta de manera
objetiva: es fundamental elegir una actividad asequible a tu capacidad
física y planificar con antelación. Debes valorar dónde, cuándo, cómo,
con qué, con quién, etc. Si practicar el deporte elegido conllevará una
serie de obstáculos no previstos, será más complicado hacerlo con la
regularidad deseada.
6. La certeza de la intención,
o el nivel de seguridad que mantiene el sujeto con relación a su
intención de llevar a cabo la conducta: es decir, si no estás
completamente seguro/a, no quemes todos los cartuchos. ¡Convéncete
antes!
7. La norma descriptiva, que se define
como una estimación de la proporción de personas que sirven de
referencia al sujeto que practican la conducta en cuestión: si comenzar a
hacer deporte te hace sentir un/a paria entre tus amigos o familiares,
tus posibilidades decrecen. Elige una actividad que puedas compartir,
sobre la que puedas hablar, o por lo menos, que no te convierta en un alien en tu círculo más cercano.
8. La semejanza al prototipo,
referente a la percepción de cercanía a las características del tipo de
sujeto que desarrolla la conducta: si no sientes que eres el tipo de
persona que hace zumba o aerobic, mejor elige otra actividad que vaya
más contigo. En cualquier caso, comenzar a hacer deporte no tiene por
qué fragmentar tu identidad. Al fin y al cabo, una misma persona puede
correr por la mañana y disfrutar unas cañas por las tarde.
9. El remordimiento anticipado
o anticipación del malestar en el caso de no alcanzar el objetivo
establecido: antes de comenzar, cierta preocupación por alcanzar el
objetivo puede potenciar la adherencia a tu propósito. Por el contrario,
un grado de exigencia excesivo puede jugar en tu contra. Si anticipas
que el fracaso te convertirá en un/a loser perezoso/a detestable, tenderás a apartarte la meta. Tómatelo con calma, ¡poco a poco!
10. La estabilidad de la intención,
referente a al mantenimiento temporal de la intención. Un buen
propósito no tiene sentido si se te olvida en dos días. Si elaboraste la
lista de ventajas y desventajas, ¡guárdala! Podrás echar un vistazo
cuando tu fuerza de voluntad flaquee.
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